Y, por encima de todo, observa con ojos brillantes el mundo que te rodea, porque los mayores secretos están escondidos en los sitios más inverosímiles. Aquellos que no creen en la magia jamás podrán encontrarla.
ROALD DAHL.
No te quedes parado ante mi tumba llorando. No estoy ahí. No duermo. Soy mil vientos que soplan. Soy los destellos diamantinos sobre la nieve. Soy la luz del sol sobre el grano maduro. Soy la suave lluvia de otoño. Cuando despiertas en el susurro de la mañana, soy la bandada repentina y ágil de pájaros silenciosos que se elevan en vuelo circular. Soy las suaves estrellas que brillan en la noche. No te quedes parado ante mi tumba llorando; no estoy ahí. No he muerto.
MARY ELIZABETH FRYE.
DESAPARECIDO DE MI VISTA. Estoy de pie junto a la orilla del mar. Un barco, a mi lado, extiende sus blancas velas al vuelo de la brisa y zarpa hacia el mar azul. Desprende belleza y fortaleza. Lo observo hasta que, al cabo, cuelga como un punto de nube blanca allí donde el mar y el cielo comienzan a entremezclarse entre sí. Entonces, alguien junto a mí dice: "Se ha ido". Se ha ido...¿adónde? Se ha ido de mi vista. Eso es todo. Su mástil, su quilla y su cubierta siguen siendo tan grandes como cuando se fue de mi lado. Y sigue teniendo la misma capacidad para transportar su carga viva al puerto de destino. La disminución de su tamaño está en mí, no en él. Y justo en el momento en que alguien dice: "Se ha ido", hay otros ojos viéndole arribar, y otras voces preparadas para lanzar el grito alegre: "¡Aquí llega!". Y eso es morir.
HENRY VAN DYKE.
No importa cómo denominemos a este poder superior. Yo me crié en la religión luterana y siempre he creído en Dios. Mi concepto de dios es ahora diferente del que tenía de niña. Se ha ensanchado. El concepto de un poder superior tiene distintos nombres según las diferentes culturas y sistemas de creencias, y hay infinidad de formas de honrarlo. Los nombres y los rituales importan mucho menos que la creencia básica de la existencia de un poder superior. Depende de nosotros estar abiertos a él, confiar en él y, en último término, conectarnos y rendirnos a él.
LAURA LYNNE JACKSON. Señales: El lenguaje secreto del Universo. Arkano Books, Madrid, 2019.
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A mi madre, in memoriam.
En el año 2019, la médium Laura Lynne Jackson publica en Estados Unidos su obra SEÑALES. El lenguaje secreto del universo (Signs: The Secret Languaje of the Universe). Antes de este libro, era muy conocida por su otra obra LA LUZ ENTRE NOSOTROS.
Como médium psíquica, nos habla de sus incontables experiencias y conexiones con el Otro Lado y nos explica que cada uno de nosotros dispone de un Equipo de Luz, un grupo de ayudantes invisibles que trabajan juntos para guiarnos hacia nuestro camino más elevado y que este equipo está formado por nuestros seres queridos que ya han hecho el tránsito, nuestros guías espirituales (nuestros ángeles de la guarda), un plano angélico superior y la energía de Dios, que se basa en la fuerza más poderosa que existe y que existirá jamás: el amor. El Universo se comunica continuamente con nosotros, enviándonos señales de todo tipo, ante las que debemos aprender a recibir y solicitar. Las señales más frecuentes son objetos, animales o hechos que nos impresionan (monedas, aves, mariposas, ciervos, números o alteraciones eléctricas -como, por ejemplo, mensajes vacíos en el teléfono móvil-). Laura Lynne Jackson nos anima a cocrear este lenguaje, pedir a nuestros seres queridos que han hecho el tránsito objetos y cosas bastantes raras, que sea difícil pasarlas por alto.
Carl Jung, psicoanalista suizo, utilizó el término SINCRONICIDAD para describir aquellas coincidencias que parecen significativas. Le apasionaba la idea de que los hechos de nuestras vidas no son aleatorios, sino que manifiestan la realidad de que todos formamos parte de un orden más profundo, de una fuerza universal unificadora, que él llamó UNUS MUNDUS (UN SÓLO MUNDO). Jung estaba convencido de que la física y los fenómenos psíquicos terminarían por ir juntos de la misma mano.
Simple casualidad o no, las sincronicidades existen.
Ante un pequeño cuadro de una sencilla amapola, pintada al óleo por mi madre, se me representa ante mi su imagen y su recuerdo, siempre y eternamente querido, porque a mi madre le encantaban las flores silvestres, especialmente las amapolas. Y, como creo firmemente en el orden invisible de todas las cosas, cada amapola que me encuentro en el campo es, para mi, una señal inequívoca de que su corazón y el mío siempre estarán conectados.







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