Albert Champdor, en su obra sobre EL LIBRO EGIPCIO DE LOS MUERTOS, nos habla de la ETERNIDAD con estas palabras:
Y, por encima de todo, observa con ojos brillantes el mundo que te rodea, porque los mayores secretos están escondidos en los sitios más inverosímiles. Aquellos que no creen en la magia jamás podrán encontrarla.
ROALD DAHL.
No te quedes parado ante mi tumba llorando. No estoy ahí. No duermo. Soy mil vientos que soplan. Soy los destellos diamantinos sobre la nieve. Soy la luz del sol sobre el grano maduro. Soy la suave lluvia de otoño. Cuando despiertas en el susurro de la mañana, soy la bandada repentina y ágil de pájaros silenciosos que se elevan en vuelo circular. Soy las suaves estrellas que brillan en la noche. No te quedes parado ante mi tumba llorando; no estoy ahí. No he muerto.
MARY ELIZABETH FRYE.
DESAPARECIDO DE MI VISTA. Estoy de pie junto a la orilla del mar. Un barco, a mi lado, extiende sus blancas velas al vuelo de la brisa y zarpa hacia el mar azul. Desprende belleza y fortaleza. Lo observo hasta que, al cabo, cuelga como un punto de nube blanca allí donde el mar y el cielo comienzan a entremezclarse entre sí. Entonces, alguien junto a mí dice: "Se ha ido". Se ha ido...¿adónde? Se ha ido de mi vista. Eso es todo. Su mástil, su quilla y su cubierta siguen siendo tan grandes como cuando se fue de mi lado. Y sigue teniendo la misma capacidad para transportar su carga viva al puerto de destino. La disminución de su tamaño está en mí, no en él. Y justo en el momento en que alguien dice: "Se ha ido", hay otros ojos viéndole arribar, y otras voces preparadas para lanzar el grito alegre: "¡Aquí llega!". Y eso es morir.
HENRY VAN DYKE.
No importa cómo denominemos a este poder superior. Yo me crié en la religión luterana y siempre he creído en Dios. Mi concepto de dios es ahora diferente del que tenía de niña. Se ha ensanchado. El concepto de un poder superior tiene distintos nombres según las diferentes culturas y sistemas de creencias, y hay infinidad de formas de honrarlo. Los nombres y los rituales importan mucho menos que la creencia básica de la existencia de un poder superior. Depende de nosotros estar abiertos a él, confiar en él y, en último término, conectarnos y rendirnos a él.
LAURA LYNNE JACKSON. Señales: El lenguaje secreto del Universo. Arkano Books, Madrid, 2019.
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A mi madre, in memoriam.
En el año 2019, la médium Laura Lynne Jackson publica en Estados Unidos su obra SEÑALES. El lenguaje secreto del universo (Signs: The Secret Languaje of the Universe). Antes de este libro, era muy conocida por su otra obra LA LUZ ENTRE NOSOTROS.
Como médium psíquica, nos habla de sus incontables experiencias y conexiones con el Otro Lado y nos explica que cada uno de nosotros dispone de un Equipo de Luz, un grupo de ayudantes invisibles que trabajan juntos para guiarnos hacia nuestro camino más elevado y que este equipo está formado por nuestros seres queridos que ya han hecho el tránsito, nuestros guías espirituales (nuestros ángeles de la guarda), un plano angélico superior y la energía de Dios, que se basa en la fuerza más poderosa que existe y que existirá jamás: el amor. El Universo se comunica continuamente con nosotros, enviándonos señales de todo tipo, ante las que debemos aprender a recibir y solicitar. Las señales más frecuentes son objetos, animales o hechos que nos impresionan (monedas, aves, mariposas, ciervos, números o alteraciones eléctricas -como, por ejemplo, mensajes vacíos en el teléfono móvil-). Laura Lynne Jackson nos anima a cocrear este lenguaje, pedir a nuestros seres queridos que han hecho el tránsito objetos y cosas bastantes raras, que sea difícil pasarlas por alto.
Carl Jung, psicoanalista suizo, utilizó el término SINCRONICIDAD para describir aquellas coincidencias que parecen significativas. Le apasionaba la idea de que los hechos de nuestras vidas no son aleatorios, sino que manifiestan la realidad de que todos formamos parte de un orden más profundo, de una fuerza universal unificadora, que él llamó UNUS MUNDUS (UN SÓLO MUNDO). Jung estaba convencido de que la física y los fenómenos psíquicos terminarían por ir juntos de la misma mano.
Simple casualidad o no, las sincronicidades existen.
Ante un pequeño cuadro de una sencilla amapola, pintada al óleo por mi madre, se me representa ante mi su imagen y su recuerdo, siempre y eternamente querido, porque a mi madre le encantaban las flores silvestres, especialmente las amapolas. Y, como creo firmemente en el orden invisible de todas las cosas, cada amapola que me encuentro en el campo es, para mi, una señal inequívoca de que su corazón y el mío siempre estarán conectados.
Sé que soy inmortal,
sé que esta órbita mía no puede ser eliminada por el compás del carpintero...
Y sea que entre hoy en posesión de lo que es mío, o lo haga dentro de diez mil años o de diez millones,
puedo tomarlo alegremente ahora o, con la misma alegria, esperar...
Me río de lo que llamáis disolución,
y conozco la amplitud del tiempo...
¿Qué significa existir en una forma?
(Damos vueltas y vueltas, todos nosotros, para volver siempre al mismo sitio.)...
Creo que volveré a la tierra pasados cinco mil años...
Walt Whitman.
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Y emprendimos la marcha, adentrándonos por una región meseteña de celestiales lindes, las infinitas playas de La Memoria.
César Rodríguez Docampo.
La Ciudad de los Tiempos Infinitos.
Quien mira hacia afuera, sueña; quien mira hacia adentro, despierta.
Carl Jung.
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El célebre físico teórico Richard Feynman (1918-1988) afirmó: "La ciencia es la creencia en la ignorancia en la ignorancia de los expertos". Esta cita refleja la esencia del método científico: siempre hay más por aprender, siempre hay más por descubrir. El método científico estudia el Universo macroscópico, mientras que el cuántico se centra en el microscópico. En el mundo cuántico, ¿qué hay más allá del quarck? El fotón. Y el fotón es luz, es energía. Todo, en última instancia, se reduce a la energía. El elemento estructural del Universo no es la materia, es la energía, y ésta no se crea ni se destruye, únicamente se transforma. El tiempo es lineal en el método científico, con pasado, presente y futuro. En mecánica cuántica, es circular. Únicamente existe el presente. La eternidad en mecánica cuántica es la ausencia de pasado y futuro.
Tras la muerte, nuestro cuerpo se descompone y vuelve a formar parte del ciclo natural de la vida. Al ser polvo de estrellas prestado, al descomponerse vuelve al Universo, pero nuestra conciencia local perdura. La realidad, nuestra realidad, es un ciclo de nacimiento, amor y muerte. Estos son los tres principios básicos de nuestra vida. No hay necesidad de temor a la muerte, podemos abrazarla como una transición hacia una nueva fase de nuestra existencia.
La conciencia cuántica universal es un holograma formado por las supreconciencias, de manera que cada una tiene las propiedades de todo.Existen pruebas científicas de la existencia de una energía cuántica universal que creó el Universo y la vida. El físico Michio Kaku lo explica en su obra "La ecuación de Dios".
Un proverbio aborigen australiano reza así: "Todos estamos de paso en esta vida. Hemos venido a observar, aprender, crecer, amar y volver a casa". Mientras tanto, hasta que nos llegue la hora del regreso al Origen, desde nuestras noches oscuras del alma -esta terrenal existencia- nuestro interior más profundo sabe que ELLOS nos sonríen desde el otro lado.
Fuente:
-SANS SEGARRA, MANUEL: La Supraconciencia existe. Vida después de la vida. Editorial Planeta, Barcelona, 2024.
Noelia Rodríguez-Docampo Padilla.
Atrás quedaban las constelaciones y las galaxias, la otra vida y el Más Allá. Quedaban atrás los barrancos y los riscos, el humo de las aldeas, las trochas húmedas de los campos galaicos, y el cansado gemir de los ejes de los carros, en lotananza, al caer la tarde. Y tantas cosas...
Retornaba yo a la Carretera de La Granja. A la finca del abuelo, el tío Conde de Bazal. Y en las límpidas aguas del estanque (tranquilo y claro contra la furia de los tiempos, espejo al que se asomaban los siervos y los amos, cada amanecer y cada tarde), en ese espejo, volví a ver mis cabellos, mi frente, el delirio de mis ojos, la naria, mis labios (más rojos que la sangre de los bueyes), el cuello, mis hombros y el estrenuo prodigio de mis sueños. Eran el reflejo de un cielo totalmente estrellado: la soberbia intangible de una quimera.
... Porque estaba amaneciendo.
"Lo que fue, será. Lo que ha de ser, ya ha sido. Y todo ocurre como si la lluvia del Cielo lo hiciese en respuesta a la plegaria del jardín sediento" (ZOHAR).
César Rodríguez Docampo. La Ciudad de los Tiempos Infinitos.
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Papá, te echamos muchísimo de menos. Ya partiste hacia la Ciudad de los Tiempos Infinitos, lugar del tiempo sin tiempo, que es la Eternidad. Espéranos allí. No estamos lejos, sólo al otro lado del camino. Nos volveremos a ver, sin duda. Mientras tanto, tus libros me acompañarán y me servirán de gran alivio en esta infinita soledad en la que me has dejado, en la que tu ausencia está tan presente. Te queremos muchísimo. D.E.P.
Noelia Rodríguez-Docampo Padilla.
Algún día,cuando hayamos dominado los vientos, las olas, las mareas y la gravedad, aprenderemos a utilizar las energías del amor a Dios. Entonces, por segunda vez en la historia del mundo, la humanidad habrá descubierto el fuego.
Pierre Teilhard de Chardin.
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--- A MI MADRE Y TODOS MIS SERES QUERIDOS, IN MEMORIAM ---
El 30 de Junio de 1962, los eminentísimos y reverendísimos Padres del Santo Oficio de la Iglesia publicaron un Decreto contra la obra del jesuita francés Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955) en el que se decía lo siguiente:
Ciertas obras del P. Pierre Teilhard de Chardin, editadas después de la muerte del autor, se divulgan con no pequeño éxito.
No juzgando lo que pertenece a las ciencias positivas, está suficientemente claro que, en materia filosófica y teológica, en tales obras abundan ambigüedades y errores graves que ofenden a la doctrina católica.
Por lo que los eminentísimos y reverendísimos miembros de la "Suprema Sagrada Congregación del Santo Oficio exhortan a todos los ordinarios, superiores de institutos religiosos y rectores de seminarios y universidades, a que preserven eficazmente los espíritus, sobre todo de los jóvenes, de los peligros que entrañan las obras del P. Teilhard de Chardin y de sus secuaces.
Dado en Roma, en el Palacio del Santo Oficio, el 30 de junio de 1962.
Este mandato,proveniente del antiguo Tribunal de la Inquisición de la Iglesia, que tantas barbaridades e injusticias cometió a lo largo de su temible historial, desde su creación, tuvo poco recorrido, afortunadamente. Pierre Teilhard de Chardin, sobrino-nieto de Voltaire, como buen francés supo añadir unas gotas de sangre jacobina a sus opositores del Santo Oficio y siguió con sus escritos y sus investigaciones. Definió el PUNTO OMEGA como el punto más alto de la evolución de la consciencia, considerándolo como "el fin último de la misma", y creó el concepto de la NOOSFERA,como la existencia de una especie de red neuronal terrestre conectada entre todos los seres vivos, a través de pulsos electromagnéticos. Para Teilhard de Chardin, el Universo es una evolución que va hacia el Espíritu, y la Razón y la Fe no son antagónicas, sino complementarias. En la materia hay algo más que lo que la ciencia ha entendido por materia. Concibe la ciencia como una transformación de la vista, necesaria para encontrar la profundidad y sus conexiones.Llegó a decir que "el verdadero nombre de la Adoración es la investigación". Fue silenciado por la Iglesia,pero a su muerte, su legado no pasa a la Orden de los Jesuitas, sino a su secretaria,una laica a la que conocía bien, y ella,que no tiene votos de pobreza, castidad y muchísimo menos de la traidora obediencia, no tiene que obedecer al ndex,ni a la Curia ni al Vaticano, y empieza a publicar los escritos de Teilhard en 1960. Su obra científica fue muy importante, tanto como la filosófica. Unificó ciencia,filosofía y mística. En la Iglesia católica, que sigue aún conservando gran parte de sus miserias y ruindad en todo lo que le rodea (incluidos sacerdotes, monjas y demás personal que conviven entre enormes muros de piedra en los que nunca estuvo Dios -tan sólo su silencio-) aún recelan de el eminente pensamiento de este filósofo. Será porque se niegan a reconocer que somos polvo de estrellas y que sus ideas y teorías sobre la evolución y el origen del Cosmos se reducen a lo que dice la Biblia y poco más en ciertas obras que nunca tuvieron el coraje y la valentía de romper la tiránica obediencia a las normas eclesiásticas y que fueron escritas,mucho tiempo atrás, por quienes sólo tenían una visión parcial y sesgada del mundo que les rodeaba. El pensamiento de Teilhard de Chardin está ahora más vivo que nunca, muy que les pese a los eminentísimos y reverendísimos miembros de la Suprema Sagrada Congregación del Santo Oficio.
N.R.P.
P.T. de Chardin.
Obra de teatro EL CORAZÓN DE LA MATERIA:
Cuando la muerte se precipita sobre el hombre, la parte mortal se extingue; pero el principio inmortal se retira y se aleja sano y salvo.
PLATÓN. Fedón, o de la inmortalidad del alma.
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Imaginemos que el mundo sale súbitamente de la Nada. Si cerramos los ojos para escuchar, oiremos el silencio. Después, sonidos que nacen de ese silencio. Y si me valgo de mis ojos para ver la luz en todas sus formas, surgirá una configuración imponente, algo que vibra proveniente del espacio. Es el AMOR de una mirada que se apagó, servida por los ojos del Cosmos, aquí, solamente en la Tierra.
Para mí, la única realidad es el alma.
-A MI MADRE, IN MEMORIAM-
Alguien dijo que el recuerdo es el perfume del alma y que el recuerdo es, también, la presencia invisible. Cuando una persona muy querida para nosotros muere, lo último que hacemos, pasados los primeros días de duelo, es deshacernos de sus cosas personales. Y, de entre sus cosas personales, la ropa es lo que más nos hace sentirnos cerca de su ser y de su recuerdo. Cuando quieres comunicarte mentalmente con un ser querido que ya no está físicamente con nosotros, lo mejor es coger una prenda suya o un objeto en el que esta persona haya dedicado parte de su existencia. Una creación suya. Mi madre era aficionada a la pintura al óleo y, de entre todos sus cuadros, hay uno en especial, que me resulta muy apropiado para un reencuentro con ella, a través del recuerdo. Una playa, con aguas turquesas y arena blanca. Cuando lo estaba pintando, qué sensación de felicidad le producirían esos tonos suaves, tan agradables a la vista, tan placenteros. Esas horas que disfrutó pintando ese cuadro son mi felicidad ahora. Ese recuerdo me resulta ahora imborrable e indescriptible. Como decía Hellen Keller, que nació sordomuda y ciega, "lo que una vez disfrutamos nunca lo perdemos, porque todo lo que amamos se convierte en parte de nosotros mismos". A través de esta pintura, como si se tratara de un hilo invisible que conecta con la eternidad, recuerdo a mi queridísima madre Ascensión y me reencuentro mentalmente con ella en la orilla de esta playa paradisíaca.De pronto, tomamos conciencia de un mundo vibrante y fluido de sonido, luz y color. Escucho el rumor de las olas que rompen suavemente al llegar a la orilla y veo a mi madre sonreir, disfrutando del intenso azul del agua y de la agradable brisa que acaricia su joven rostro. En la luminosidad de este paisaje de luz, mi corazón y el de ella están conectados y profundamente emocionados. Al fin me reencuentro con ella, completamente sumida en la felicidad de su recuerdo.
Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que, algún día, cada uno pueda encontrar la suya.
El Principito. Antoine de Saint-Exupéry.
La naturaleza no revela sus misterios de una vez para siempre.
Séneca. Cuestiones naturales.
Tras cada hombre viviente se encuentran treinta fantasmas, pues tal es la proporción numérica con que los muertos superan a los vivos. Desde el alba de los tiempos, aproximadamente cien mil millones de seres humanos han transitado por el planeta Tierra. Y es en verdad un número interesante, pues por curiosa coincidencia hay aproximadamente cien mil millones de estrellas en nuestro universo local, la Vía Láctea. Así, por cada hombre que jamás ha vivido, luce una estrella en ese Universo. Pero, cada una de esas estrellas es un sol, a menudo mucho más brillante y magnífico que la pequeña y cercana a la que denominamos el Sol. Y muchos -quizá la mayoría- de esos soles lejanos tienen planetas circundándolos. Así, casi con seguridad hay suelo suficiente en el firmamento para ofrecer a cada miembro de las especies humanas, desde el primer hombre-mono, su propio mundo particular: cielo...O infierno. No tenemos medio alguno de conjeturar cuántos de esos cielos e infiernos se encuentran habitados, y con qué clase de criaturas: el más cercano de ellos está millones de veces más lejos que Marte o Venus, esas metas remotas aún para la próxima generación. Mas las barreras de la distancia se están desmoronando, y día llegará en que daremos con nuestros iguales, o nuestros superiores, entre las estrellas. Los hombres han sido lentos en encararse con esta perspectiva; algunos esperan aún que nunca se convertirá en realidad. No obstante, aumenta el número de los que preguntan: ¿Por qué no han acontecido ya tales encuentros, puesto que nosotros mismos estamos a punto de aventurarnos en el espacio? ¿Por qué no, en efecto? Sólo hay una posible respuesta a esta razonable pregunta. Mas recordad, por favor, que ésta es sólo una obra de ficción. La verdad, como siempre, será mucho más extraordinaria.
Arthur C. Clarke. Prólogo a 2001,Una Odisea Espacial.
La esperanza está en las estrellas. Tomamos la muerte para llegar a una estrella.
Vincent van Gogh.
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-A mi madre, in memoriam-
En 1937 se publicó, por vez primera, Hacedor de Estrellas (Starmaker), del escritor británico Olaf Stapledon. Esta obra comienza así:
Una noche, descorazonado, subí a la colina. Los matorrales me cerraban a menudo el camino. Abajo se ordenaban las farolas de los suburbios. Las ventanas, con las cortinas bajas, eran ojos cerrados que observaban interiormente la vida de los sueños. Más allá de la sombra del mar, latía un faro. Arriba, oscuridad. (...) Arriba, la oscuridad reveló una estrella. Una trémula flecha de luz, proyectada quién sabe cuántos miles de años atrás, ahora alcanzaba mis nervios como un punto visible, y me estremecía. (...) La inteligencia, mirando más allá del astro, no descubría ningún Hacedor de Estrellas, sólo oscuridad; ningún Amor, ningún Poder siquiera, sólo nada. Y sin embargo, el corazón parecía cantar una alabanza. (...) Pero en mi corazón yo sabía que no era así. Ni aun las frías estrellas, ni aun la totalidad del cosmos con todas sus vacías inmensidades podían convencerme de que ese nuestro preciado átomo de comunidad, que era tan imperfecto, que moriría tan pronto, no tuviese ningún significado.
La voz del narrador, en primera persona, describe su situación como de un tránsito de su alma, desde el lugar físico en que se encuentra, cerca de su casa, hacia el infinito y más allá, en una especie de viaje astral, interestelar, extracorpóreo, por el cosmos desconocido. En todo momento, su sentimiento de nostalgia de la Tierra perturbaba su experiencia viajera por otros planetas, mundos, por otras Tierras, muchas de ellas habitadas y con parecidos asombrosos a nuestro mundo. Todo se le aparecía así, siendo consciente de la enorme magnitud del espacio y tiempo en que se encontraba de viaje, en el círculo infinito del tiempo cósmico, testigo del proceso de crecimiento y madurez del propio Hacedor de Estrellas (los cosmos creados por Él eran sus juguetes). Esa es la infinitud que los hombres llaman Dios. No es de extrañar que el narrador mirara a su alrededor con la misma angustia sobrecogedora, la misma adoración humilde y muda con que los viajeros humanos que cruzan el desierto miran las estrellas nocturnas.
Cuando el narrador finaliza su viaje astral, ya de vuelta al lugar de partida, se hace esta reflexión: ¿Y sin embargo? Miré nuestra ventana. Habíamos sido felices juntos. Habíamos descubierto o habíamos creado nuestro pequeño tesoro de comunidad, una roca solitaria en toda la agitación del mundo. Esto, no la inmensidad astronómica e hipercósmica, esto, y sólo esto, era el fundamento sólido de la existencia.
Este soñador de universos, en un principio descorazonado, termina por reconocer y aceptar la inmensa grandeza de la humildad de su pequeño hogar que, aunque finito, es toda su existencia conocida. Esperanzado, tras su viaje por las estrellas, se pregunta si tenemos que adorar a un poder superior a nosotros, ¿no tiene sentido reverenciar al Sol y las estrellas? Y se acuerda de las palabras escritas por Vincent van Gogh, en una de sus cartas a su hermano Theo: Tengo...una terrible necesidad...¿diré la palabra?...de religión. Entonces salgo por la noche y pinto las estrellas.
Fuentes:
-C.Clarke, Arthur: 2001, Una Odisea Espacial. Ediciones Plaza y Janés, Barcelona, 1997.
-STAPLEDON, OLAF: HACEDOR DE ESTRELLAS. CLÁSICOS MINOTAURO. EDICIONES MINOTAURO, BARCELONA, 2008.