"Y transcurrieron los días. Y los años.
Y vino la Muerte y pasó su esponja por toda la extensión de la fraga y desaparecieron estos seres y las historias de estos seres.
Pero detrás todo retoñaba y revivía, y se erguían otros árboles y se encorvaban otros hombres, y en las cuevas bullían camadas recientes y la trama del tapiz no se aflojó nunca.
Y allí están con sus luchas y sus amores, con sus tristezas y sus alegrías, que cada cual cree inéditas y como creadas para él, pero que son siempre las mismas, porque la vida nació de un solo grito del Señor y cada vez que se repite no es una nueva Voz la que la ordena, sino el eco que va y vuelve desde el infinito al infinito".

EL BOSQUE ANIMADO. Wenceslao Fernández Flórez.
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miércoles, 5 de marzo de 2025

EL INSTANTE DE FELICIDAD DE DOSTOIEVSKI EN LAS NOCHES BLANCAS DE SAN PETERSBURGO

 

 ¿O era esta su misión: estar, siquiera un instante, al lado de tu corazón?

Iván Turgueniev. La Flor (1843). 

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                San Petersburgo, en una de sus "noches blancas".

 

La primera obra que leí de Dostoievski fue la novela "Humillados y Ofendidos", allá por 1993, en un ejemplar de bolsillo, de papel muy rugoso al tacto y páginas color ocre. A esta novela, siguieron "Crimen y Castigo", "El idiota", "Los endemoniados", "El Jugador" y ahora acabo de terminar de leer "Noches Blancas", bellísimo relato, que recomiendo a todos mis lectores leer.

 Fiodor Mijailovich Dostoievski, quizás el más grande de los escritores rusos, da cuenta en todas sus obras de una sensibilidad profundamente humana. El narrador de Noches Blancas es un "soñador" sentimental, quizás el más poético de los distintos soñadores que pueden existir entre los hombres. Y de sus largos paseos por las calles de San Petersburgo ("para combatir la ansiedad"), conoce a una muchacha, Nástenka, de la que se acaba enamorando, en un total de cuatro noches. Ella, todas las noches, se sienta en el mismo banco, esperando el regreso y reencuentro con su enamorado, que no es el Soñador. La inmensa soledad que padece éste, encuentra alivio en la calidez que le aporta la compañía y transparencia de Nástenka. Esa infinita soledad, se ve completamente apaciguada en esos breves instantes que el Soñador pasa en compañía de Nástenka. Al final, en la mañana siguiente a la cuarta noche, la muchacha se reencuentra al fin con el tan ansiado hombre esperado. Ella, como despedida, le escribe una nota al Soñador. Éste, lejos de mostrarse enfadado con ella por quedarse abandonado una vez más, la bendice a ella, Nástenka, "por los instantes de ventura y de felicidad que brindó a otro corazón solitario y agradecido. Todo un momento de felicidad. ¿Acaso es poco incluso para toda una vida humana?".

El fragmento del poema de Iván Turguénev con el que Dostoievski comienza el relato dice así:"¿O era esta su misión: estar, siquiera un instante, al lado de tu corazón?...". Y lo incluyó en el relato, a pesar de la conocida mala relación (rivalidad literaria) existente entre ambos escritores. El poema de Turgueniev hace referencia a una flor y en la misma fugacidad de su existencia se basa Dostoievski para describir el instante de felicidad (y de belleza) grabados en la retina del Soñador y que consigue irradiar a su corazón triste y solitario momentos de gran esperanza en el amor y calidez espiritual, que al final se desvanecen en la nada, como se marchitan los pétalos de las flores más hermosas, quedando el recuerdo de su belleza y de la profunda emoción que nos transmitieron, mientras las pudimos contemplar.

Nuestra vida es un instante. Y es, en esos recuerdos breves en los que fuimos felices, donde encontramos la explicación al sentido de nuestra misteriosa existencia.




Traducción (google) del ruso del poema "Flor".

 

 

 


Iván Turgueniev

 

 

 

F. M. Dostoievski.