"Y transcurrieron los días. Y los años.
Y vino la Muerte y pasó su esponja por toda la extensión de la fraga y desaparecieron estos seres y las historias de estos seres.
Pero detrás todo retoñaba y revivía, y se erguían otros árboles y se encorvaban otros hombres, y en las cuevas bullían camadas recientes y la trama del tapiz no se aflojó nunca.
Y allí están con sus luchas y sus amores, con sus tristezas y sus alegrías, que cada cual cree inéditas y como creadas para él, pero que son siempre las mismas, porque la vida nació de un solo grito del Señor y cada vez que se repite no es una nueva Voz la que la ordena, sino el eco que va y vuelve desde el infinito al infinito".

EL BOSQUE ANIMADO. Wenceslao Fernández Flórez.
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martes, 16 de julio de 2019

"LA CIUDAD DE LAS DAMAS": LA CIUDADELA DONDE LA MUJER ES EL PATRONO DE LA NAVE.

Al acompañar a Cristina de Pizán a subir un peldaño más, para hacer su entrada en una colección de clásicos, me invade una sensación de "Misión cumplida": sobra ya hablar de su modernidad, porque los clásicos siempre nos miran desde la eternidad.
Marie-José Lemarchand. Nota a la nueva edición de La Ciudad de las Damas.

¿No ves que incluso los más grandes filósofos se corrigen los unos a los otros en una disputa sin fin? (...) Yo te recomiendo que des la vuelta a los escritos donde desprecian a las mujeres para sacarles partido en provecho tuyo, cualesquiera que sean sus intenciones. (...) Ha llegado la hora de quitar de las manos del faraón una causa tan justa. Ése es el motivo de que estemos aqui las tres: nos hemos apiadado de ti y venimos para anunciarte la construcción de una Ciudad. Tú serás la elegida para edificar y cerrar, con nuestro consejo y ayuda, el recinto de tan fuerte ciudadela. Sólo la habitarán damas ilustres y mujeres dignas, porque aquellas que estén desprovistas de estas cualidades tendrán cerrado el recinto de nuestra Ciudad.

Coge la azada de tu inteligencia y cava hondo.

La Dama Razón a Cristina de Pizán.  

Es la primera vez que vemos a una mujer tomar su pluma en defensa de su sexo.
Simone de Beauvoir. El Segundo Sexo.
 
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Cristina de Pizán, en su estudio, rodeada de libros.




Considerada como sucesora de la mítica Hildegarda von Bingen (gran mujer de la Historia, creadora de la Lingua Ignota, abadesa de la Orden Benedictina, en aquella época histórica en la que los conventos eran los únicos y verdaderos reductos del saber), Cristina de Pizán (Venecia, 1364-1430), es considerada la primera escritora profesional de la Historia. Creció en el ambiente privilegiado de la Corte de Carlos V, y en la gran Biblioteca Real del Louvre, hoy Biblioteca Nacional francesa. Huérfana y viuda muy joven, se convirtió en una  femme de lettres asumiendo un rol masculino (en aquellos tiempos, necesario) sin perder su feminidad. Autora de diversas obras, la más conocida de todas ellas es La Ciudad de las Damas, escrita entre 1404 y 1405. Alarmada por el contenido claramente misógino de unos libros muy conocidos en su época (destaca el Libro de las Lamentaciones de Mateolo, de 1300, "un compendio de tópicos misóginos de casi seis mil versos que sólo debe a Cristina de Pizán el no haber caído en el olvido"), cuya lectura dejó a Cristina perturbada y sumida en una profunda perplejidad, preguntándose cuáles podrían ser las razones que llevan a tantos hombres, clérigos y laicos, a vituperar a las mujeres, criticándolas bien de palabra bien de escritos y tratados ("ni siquiera se trata de ese Mateolo, pues, al contrario, filósofos, poetas, moralistas, todos parecen hablar con la misma voz para llegar a la conclusión de que la mujer, mala por esencia y naturaleza, siempre se inclina hacia el vicio. Volviendo sobre todas esas cosas en mi mente, yo, que he nacido mujer, me puse a examinar mi carácter y mi conducta y también la de otras muchas mujeres que he tenido ocasión de frecuentar, tanto princesas y grandes damas como mujeres de mediana y modesta condición, que tuvieron a bien confiarme sus pensamientos más íntimos. Me propuse decidir, en conciencia, si el testimonio reunido por tantos varones ilustres podría estar equivocado. Pero, por más que intentaba volver sobre ello, apurando las ideas como bien fundado el juicio de los hombres sobre la naturaleza y conducta de las mujeres"). Hundida, por esos pensamientos tan tristes y negativos, Cristina nos cuenta la visión espiritual que tuvo (al igual que las tuvo la mística Hidelgarda von Bingen): "De repente, vi bajar sobre mi pecho un rayo de luz como si el sol hubiera alcanzado el lugar (...). Levanté la cabeza para mirar de dónde venía esa luz y vi cómo se alzaban ante mí tres Damas coronadas, de muy alto rango." Las tres Damas, de pura esencia celeste, son la Dama Razón, la Dama Rectitud (Derechura) y la Dama Justicia. Cristina dialogará con cada una de ellas y, juntas, irán construyendo mentalmente la Ciudad de las Damas, desde los cimientos hasta incluir la población (compuesta sólo por damas ilustres y mujeres dignas), "para que las damas y todas las mujeres de mérito puedan de ahora en adelante tener una ciudadela donde defenderse contra tantos agresores". La Ciudad de las Damas será fundada en un "país rico y fértil":  el Campo de las Letras ("coge la azada de tu inteligencia y cava hondo", le dice la Dama Razón a Cristina) y entrarán a vivir en ella mujeres como las que se citan a lo largo del libro, muchas de ellas ilustres y dotadas de gran sabiduría, valor y dignidad: la emperatriz Nicaula; la reina Fredegunda; la reina Semíramis; las amazonas ("mujeres escitas que han sufrido la ablación de un pecho. Se les quemaba el pecho izquierdo a las niñas de la alta nobleza para que no las molestara el escudo, mientras que a la de menor rango, que tenían que tirar el arco, les quitaban el pecho derecho") y Tamiris, su reina; Zenobia, reina de Palmira; la reina Artemisa; Lilia, madre de Teodorico; Camila, hija de Metabo, rey de los volscos; Berenice, reina de Capadocia; la noble Clelia, que se enfrentó a uno de los enemigos de Roma, con gran valor y astucia. La Dama Razón, seguidamente, citará a Cristina un largo listado de mujeres que se ilustraron en la ciencia: Cornificia; Proba la Romana;Safo; Mantoa; Medea y Circe; Nicostrata o Carmenta; Minerva; Ceres; Isis; Aracne; Pánfila; Timareta, Irene y Marcia, la romana; Anastasia (gran pintora parisina de miniaturas para manuscritos, conocida de  Cristina de Pizán); Sempronia la Romana; Novella, hija de Giovanni Andrea, famoso legista de la Universidad de Bolonia (en honor de su hija, publicó el Novella super Decretalium); ... Tras esta lista de mujeres brillantes, la Dama Razón continúa con otra de mujeres juiciosas, famosas de haber mostrado gran prudencia y gobierno: Gaya Cirila; la reina Dido; Opis, reina de Creta; Lavinia, reina de los latinos...
La tercera Dama -Derechura-, ya en la segunda parte del libro, habla a Cristina de las sibilas, las conocedoras del pensamiento divino, destacando a Eritrea, Amaltea, Nicostrata, Casandra, la reina Basina y la emperatriz Antonia. Tras estas grandes adivinadoras, la Dama Derechura comienza el relato de historias de mujeres que pasaron a la fama por haber dado a sus padres grandes pruebas de verdadero amor filial. Quizás es en esta parte del libro donde figuran las historias más sobrecogedoras: Dripetina, reina de Laodicea; Hipsípila; la vestal Claudina y, la más conmovedora de todas ellas, la de una mujer que había sido madre recientemente y que dio el pecho a su madre presa (a la que habían condenado a morir de hambre en la cárcel), salvándola y consiguiendo su liberación posteriormente. Tras estas historias, Derechura pasa a recordar hechos protagonizados por mujeres que amaron profundamente a sus maridos: la reina Hipsicratea, la emperatriz Triaria, la reina Artemisa (que se bebió las cenizas de su marido, mezcladas con vino: "recogió las cenizas y lavándolas con sus lágrimas las fue dejando en una copa de oro. Después pensó que sería injusto que esas amadas cenizas tuviesen otro sepulcro que el cuerpo y corazón que albergaban un amor de tanta raigambre. Así que cada día, poco a poco, fue bebiendo algunas cenizas mezcladas con vino, hasta apurar la copa"); Argía, mujer de Polinices; Agripina, hija del emperador Augusto; Julia, esposa de Pompeyo; Tercia Emilia, esposa de Escipión el Africano; Jantipa, mujer de Sócrates; Paulina, mujer de Séneca; Sulpicia, esposa de un patricio romano; Porcia, hija de Catón de Útica; Curia, esposa de Quinto Lucrecio (éste, condenado a muerte, fue escondido por su mujer en el hueco de la pared de su casa, mientras ella se hacía pasar por loca preguntando a todos si alguien había visto a su marido. Tan bien lo hizo que lo salvó del exilio y de la muerte segura); la noble viuda Judith; la reina Esther, que liberó a su pueblo; las sabinas; Veturia, madre de Coriolano; Clotilde, reina de Francia; Penélope, la mujer de Ulises; Lucrecia, esposa de Tarquinio Colatino ("fue la violación de ésta lo que impulsó a promulgar una ley que condenaba a muerte a todo hombre que violara a una mujer, lo que no deja de ser una condena legítima y justa."); la reina Galatia; la griega Hipo; Griselda, marquesa de  Saluces (esposa que -hoy día- sería vista como incomprensiblemente sometida a su marido, poniendo éste a prueba la honra de ella a base de humillaciones contínuas, lo que constituiría un mal trato psicológico inaceptable, a los ojos de nuestra sociedad actual); Florencia la romana; Sicurant de Finale o la mujer de Bernabó de Génova (extraordinaria historia, contada originariamente por Boccaccio en el Decamerón).
Tras todos estos numerosos ejemplos de mujeres valientes y brillantes, la Dama Justicia es la encargada de llevar a vivir a la Ciudad de las Damas a la Reina de los Cielos que, con su séquito de damas gobernará la Ciudad. Estas damas de compañía serán las beatas vírgenes y todas las santas: Santa Catalina; Santa Margarita; Santa Lucía; la beata virgen Martina; Lucía de Siracusa; Santa Ágata; Santa Benita; Santa Fausta; Santa Justina; Santa Eulalia; Santa Macra; Santa Marciana; Santa Eufemia; Teodosia, Bárbara y Dorotea de Capadocia; Santa Cristina; Santa Marina; la beata Eufrosina; Santa Anastasia; Santa Teodota; Santa Natalia; Santa Afra; Drusiana (viuda que cuidó de Juan el Evangelista)...
Termina este libro dirigiéndose su autora a todas las mujeres: tras una advertencia para huir de los amores insensatos y de las pasiones enloquecidas, simples juegos placenteros que siempre acaban mal, Cristina finaliza diciendo lo siguiente: "Alegraos apurando gustosamente el saber y cultivad vuestros méritos. Así crecerá gozosamente nuestra Ciudad (...)".

Hace ahora setenta años (1949) de la primera publicación de El Segundo Sexo, de Simone de Beauvoir, y seiscientos catorce años (1405) de la publicación de la utópica La Ciudad de las Damas. Es decir, hay más de quinientos años (quinientos cuarenta y cuatro años, para ser más exactos) de diferencia entre ambas obras. S. de Beauvoir dijo de la autora veneciana y su obra que "es la primera vez que vemos a una mujer tomar su pluma en defensa de su sexo". Ambas autoras fueron mujeres muy destacadas y brillantes que, aunque vivieron en épocas muy distintas y sus obras son muy diferentes, coinciden en la misma voluntad de que las mujeres han de hacerse con el poder de los hombres. Del "feminismo bien temperado" de Cristina de Pizán al feminismo radical de El Segundo Sexo van dos maneras distintas de alcanzar una sola meta, perseguida por todas, que no es otra que ver a la mujer convertida en el "Patrono de la nave".

















Fuentes:

- De Pizán, Cristina: La Ciudad de las Damas (Le Livre de la Cité des Dames). Ediciones Siruela, Madrid, 2013.

-De Beauvoir, Simone: El Segundo Sexo. Tomos I ( Los Hechos y los Mitos) y II (La Experiencia Vivida). Ediciones Siglo Veinte. Buenos Aires (Argentina), 1962.



Noelia Rodríguez Padilla. 

domingo, 19 de junio de 2016

"NO SOY FEMINISTA. EN REALIDAD, SOY HUMANISTA".-

"No soy feminista. En realidad, soy humanista".

CLARA CAMPOAMOR RODRÍGUEZ.

"No estamos aquí - en la cárcel- por ser infractoras de la Ley;estamos aquí por nuestros esfuerzos por convertirnos en  hacedoras de leyes".

EMMELINE PANKHURST.


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Hace ciento veintiséis años (fue en 1890), una joven escritora sudafricana, activista y defensora de los derechos humanos de la mujer y de los esclavos negros, Olive Schreiner (1855-1920), publicó "DREAMS" ("SUEÑOS"), obra que no llegó a ser traducida al castellano. Con toda seguridad, fue escrita utilizando un pseudónimo o nombre masculino. Ella solía usar el de Ralph Iron. "Dreams" sólo está disponible en inglés. En ella, esta importante escritora sudafricana, a través de una delicada prosa, muy poética, lanza un sonoro grito en pro de los derechos civiles de las mujeres.










 En un extracto de esta obra,  que aparece traducido al español, en la película estrenada en este año 2016 "SUFRAGISTAS" ("SUFFRAGGETTE"), de la directora Sarah Gavron, se dice lo siguiente:

"La mujer errabunda sigue adelante buscando la tierra de la libertad. 

-¿Cómo puedo llegar? 

La Razón, responde:

-Hay un camino, sólo un camino. Por las orillas del esfuerzo, por las aguas del sufrimiento. No hay otro.

La mujer, habiéndose deshecho de todo a lo que se había aferrado, grita: 

-¿ Para qué voy a esa tierra lejana a la que nadie ha llegado? Estoy sola. Estoy totalmente sola."







El pasado 10 de Marzo de 2016 se cumplieron 100 años de la publicación de la primera Ley británica que aprobó el voto de la mujeres. Tras una larga batalla, iniciada por una serie de valientes mujeres que hicieron frente a todo tipo de adversidades e injusticias hasta que consiguieron su justicia. La pionera de estas importantes damas fue Emmeline Pankhurst (1858-1928), líder de las sufragistas británicas y una de las fundadoras del movimiento en Europa. Ella, junto a su marido, Richard Pankhurst, crearon la Liga por el Sufragio Femenino, la Women´s Franchise League (W.F.L.), cuna de la que surgió más tarde la Women´s Social and Political Union (W.S.P.U.), cuyo lema principal sería: "Acciones, no palabras". 





Emmeline Pankhurst fue arrestada hasta siete veces, antes de que se consiguiese aprobar el sufragio femenino.




La W.S.P.U. acogió un símbolo de tres colores, que se pueden ver de fondo en el cartel de la película recién estrenada este año: el púrpura (dignidad, valor), el blanco (pureza) y el verde (esperanza).


En 1918 se concedió el voto a las mujeres mayores de treinta años.
En 1925 la Ley reconoció derechos de las madres sobre sus hijos (hasta entonces, sólo los maridos los ejercían).
En 1928 consiguieron los mismos derechos de voto que los hombres.

En el resto del mundo, la situación del voto femenino queda así:

1893 Nueva Zelanda.
1902 Australia.
1913 Noruega.
1917 Rusia.
1918 Austria, Alemania y Polonia.
1920 EE.UU.
1931 España.
1932 Brasil.
1934 Turquía.
1944 Francia.
1945 Italia.
1949 China, La India.
1953 México.
1971 Suiza.
1974 Jordania.
1976 Nigeria.
2003 Catar.
2015 Arabia Saudí ha prometido el derecho de voto a las mujeres...


En España, la abogada (segunda abogada española -colegiada en el Ilustre Colegio de Abogados de Madrid- tras Victoria Kent) y política Clara Campoamor Rodríguez (1888-1972) lideró la defensa del sufragio femenino en Las Cortes, que fue finalmente aprobado el 1 de Octubre de  1931 por 161 votos a favor frente a 131 en contra.



Su discurso en Las Cortes, antes de la votación, fue el siguiente:


"Señores diputados: lejos yo de censurar ni de atacar las manifestaciones de mi colega, señorita Kent, comprendo, por el contrario, la tortura de su espíritu al haberse visto hoy en trance de negar la capacidad inicial de la mujer. Creo que por su pensamiento ha debido de pasar, en alguna forma, la amarga frase de Anatole France cuando nos habla de aquellos socialistas que, forzados por la necesidad, iban al Parlamento a legislar contra los suyos.
Respecto a la serie de afirmaciones que se han hecho esta tarde contra el voto de la mujer, he de decir, con toda la consideración necesaria, que no están apoyadas en la realidad. Tomemos al azar algunas de ellas. ¿Que cuándo las mujeres se han levantado para protestar de la guerra de Marruecos? Primero: ¿y por qué no los hombres? Segundo: ¿quién protestó y se levantó en Zaragoza cuando la guerra de Cuba más que las mujeres? ¿Quién nutrió la manifestación pro responsabilidades del Ateneo, con motivo del desastre de Annual, más que las mujeres, que iban en mayor número que los hombres?
¡Las mujeres! ¿Cómo puede decirse que cuando las mujeres den señales de vida por la República se les concederá como premio el derecho a votar? ¿Es que no han luchado las mujeres por la República? ¿Es que al hablar con elogio de las mujeres obreras y de las mujeres universitarias no está cantando su capacidad? Además, al hablar de las mujeres obreras y universitarias, ¿se va a ignorar a todas las que no pertenecen a una clase ni a la otra? ¿No sufren éstas las consecuencias de la legislación? ¿No pagan los impuestos para sostener al Estado en la misma forma que las otras y que los varones? ¿No refluye sobre ellas toda la consecuencia de la legislación que se elabora aquí para los dos sexos, pero solamente dirigida y matizada por uno? ¿Cómo puede decirse que la mujer no ha luchado y que necesita una época, largos años de República, para demostrar su capacidad? Y ¿por qué no los hombres? ¿Por qué el hombre, al advenimiento de la República, ha de tener sus derechos y han de ponerse en un lazareto los de la mujer?
Pero, además, señores diputados, los que votasteis por la República, y a quienes os votaron los republicanos, meditad un momento y decid si habéis votado solos, si os votaron sólo los hombres. ¿Ha estado ausente del voto la mujer? Pues entonces, si afirmáis que la mujer no influye para nada en la vida política del hombre, estáis -fijaos bien- afirmando su personalidad, afirmando la resistencia a acatarlos. ¿Y es en nombre de esa personalidad, que con vuestra repulsa reconocéis y declaráis, por lo que cerráis las puertas a la mujer en materia electoral? ¿Es que tenéis derecho a hacer eso? No; tenéis el derecho que os ha dado la ley, la ley que hicisteis vosotros, pero no tenéis el derecho natural fundamental, que se basa en el respeto a todo ser humano, y lo que hacéis es detentar un poder; dejad que la mujer se manifieste y veréis como ese poder no podéis seguir detentándolo.
No se trata aquí esta cuestión desde el punto de vista del principio, que harto claro está, y en vuestras conciencias repercute, que es un problema de ética, de pura ética reconocer a la mujer, ser humano, todos sus derechos, porque ya desde Fitche, en 1796, se ha aceptado, en principio también, el postulado de que sólo aquel que no considere a la mujer un ser humano es capaz de afirmar que todos los derechos del hombre y del ciudadano no deben ser los mismos para la mujer que para el hombre. Y en el Parlamento francés, en 1848, Victor Considerant se levantó para decir que una Constitución que concede el voto al mendigo, al doméstico y al analfabeto -que en España existe- no puede negárselo a la mujer. No es desde el punto de vista del principio, es desde el temor que aquí se ha expuesto, fuera del ámbito del principio -cosa dolorosa para un abogado-, como se puede venir a discutir el derecho de la mujer a que sea reconocido en la Constitución el de sufragio. Y desde el punto de vista práctico, utilitario, ¿de qué acusáis a la mujer? ¿Es de ignorancia? Pues yo no puedo, por enojosas que sean las estadísticas, dejar de referirme a un estudio del señor Luzuriaga acerca del analfabetismo en España.
Hace él un estudio cíclico desde 1868 hasta el año 1910, nada más, porque las estadísticas van muy lentamente y no hay en España otras. ¿Y sabéis lo que dice esa estadística? Pues dice que, tomando los números globales en el ciclo de 1860 a 1910, se observa que mientras el número total de analfabetos varones, lejos de disminuir, ha aumentado en 73.082, el de la mujer analfabeta ha disminuido en 48.098; y refiriéndose a la proporcionalidad del analfabetismo en la población global, la disminución en los varones es sólo de 12,7 por cien, en tanto que en las hembras es del 20,2 por cien. Esto quiere decir simplemente que la disminución del analfabetismo es más rápida en las mujeres que en los hombres y que de continuar ese proceso de disminución en los dos sexos, no sólo llegarán a alcanzar las mujeres el grado de cultura elemental de los hombres, sino que lo sobrepasarán. Eso en 1910. Y desde 1910 ha seguido la curva ascendente, y la mujer, hoy día, es menos analfabeta que el varón. No es, pues, desde el punto de vista de la ignorancia desde el que se puede negar a la mujer la entrada en la obtención de este derecho.
Otra cosa, además, al varón que ha de votar. No olvidéis que no sois hijos de varón tan sólo, sino que se reúne en vosotros el producto de los dos sexos. En ausencia mía y leyendo el diario de sesiones, pude ver en él que un doctor hablaba aquí de que no había ecuación posible y, con espíritu heredado de Moebius y Aristóteles, declaraba la incapacidad de la mujer.
A eso, un solo argumento: aunque no queráis y si por acaso admitís la incapacidad femenina, votáis con la mitad de vuestro ser incapaz. Yo y todas las mujeres a quienes represento queremos votar con nuestra mitad masculina, porque no hay degeneración de sexos, porque todos somos hijos de hombre y mujer y recibimos por igual las dos partes de nuestro ser, argumento que han desarrollado los biólogos. Somos producto de dos seres; no hay incapacidad posible de vosotros a mí, ni de mí a vosotros.
Desconocer esto es negar la realidad evidente. Negadlo si queréis; sois libres de ello, pero sólo en virtud de un derecho que habéis (perdonadme la palabra, que digo sólo por su claridad y no con espíritu agresivo) detentado, porque os disteis a vosotros mismos las leyes; pero no porque tengáis un derecho natural para poner al margen a la mujer.
Yo, señores diputados, me siento ciudadano antes que mujer, y considero que sería un profundo error político dejar a la mujer al margen de ese derecho, a la mujer que espera y confía en vosotros; a la mujer que, como ocurrió con otras fuerzas nuevas en la revolución francesa, será indiscutiblemente una nueva fuerza que se incorpora al derecho y no hay sino que empujarla a que siga su camino.
No dejéis a la mujer que, si es regresiva, piense que su esperanza estuvo en la dictadura; no dejéis a la mujer que piense, si es avanzada, que su esperanza de igualdad está en el comunismo. No cometáis, señores diputados, ese error político de gravísimas consecuencias. Salváis a la República, ayudáis a la República atrayéndoos y sumándoos esa fuerza que espera ansiosa el momento de su redención.
Cada uno habla en virtud de una experiencia y yo os hablo en nombre de la mía propia. Yo soy diputado por la provincia de Madrid; la he recorrido, no sólo en cumplimiento de mi deber, sino por cariño, y muchas veces, siempre, he visto que a los actos públicos acudía una concurrencia femenina muy superior a la masculina, y he visto en los ojos de esas mujeres la esperanza de redención, he visto el deseo de ayudar a la República, he visto la pasión y la emoción que ponen en sus ideales. La mujer española espera hoy de la República la redención suya y la redención del hijo. No cometáis un error histórico que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar; que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar al dejar al margen de la República a la mujer, que representa una fuerza nueva, una fuerza joven; que ha sido simpatía y apoyo para los hombres que estaban en las cárceles; que ha sufrido en muchos casos como vosotros mismos, y que está anhelante, aplicándose a sí misma la frase de Humboldt de que la única manera de madurarse para el ejercicio de la libertad y de hacerla accesible a todos es caminar dentro de ella.
Señores diputados, he pronunciado mis últimas palabras en este debate. Perdonadme si os molesté, considero que es mi convicción la que habla; que ante un ideal lo defendería hasta la muerte; que pondría, como dije ayer, la cabeza y el corazón en el platillo de la balanza, de igual modo Breno colocó su espada, para que se inclinara en favor del voto de la mujer, y que además sigo pensando, y no por vanidad, sino por íntima convicción, que nadie como yo sirve en estos momentos a la República española."

Tal como reflejó en su escrito, "Dreams" -hace 126 años- Olive Schreiner, el camino a la tierra de la libertad es largo y está lleno de obstáculos. Aún queda mucho por recorrer. Lo que está claro es que esta lucha, a lo largo de la historia, y los derechos reconocidos tras ella, demuestra (en palabras de Simone de Beauvoir, en su introducción a la primera parte de "El Segundo Sexo" - Los Hechos y los Mitos-) que las mujeres "ya no son combatientes, como nuestras mayores; en conjunto, hemos ganado la partida".