Atrás quedaban las constelaciones y las galaxias, la otra vida y el Más Allá. Quedaban atrás los barrancos y los riscos, el humo de las aldeas, las trochas húmedas de los campos galaicos, y el cansado gemir de los ejes de los carros, en lotananza, al caer la tarde. Y tantas cosas...
Retornaba yo a la Carretera de La Granja. A la finca del abuelo, el tío Conde de Bazal. Y en las límpidas aguas del estanque (tranquilo y claro contra la furia de los tiempos, espejo al que se asomaban los siervos y los amos, cada amanecer y cada tarde), en ese espejo, volví a ver mis cabellos, mi frente, el delirio de mis ojos, la naria, mis labios (más rojos que la sangre de los bueyes), el cuello, mis hombros y el estrenuo prodigio de mis sueños. Eran el reflejo de un cielo totalmente estrellado: la soberbia intangible de una quimera.
... Porque estaba amaneciendo.
"Lo que fue, será. Lo que ha de ser, ya ha sido. Y todo ocurre como si la lluvia del Cielo lo hiciese en respuesta a la plegaria del jardín sediento" (ZOHAR).
César Rodríguez Docampo. La Ciudad de los Tiempos Infinitos.
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Papá, te echamos muchísimo de menos. Ya partiste hacia la Ciudad de los Tiempos Infinitos, lugar del tiempo sin tiempo, que es la Eternidad. Espéranos allí. No estamos lejos, sólo al otro lado del camino. Nos volveremos a ver, sin duda. Mientras tanto, tus libros me acompañarán y me servirán de gran alivio en esta infinita soledad en la que me has dejado, en la que tu ausencia está tan presente. Te queremos muchísimo. D.E.P.
Noelia Rodríguez-Docampo Padilla.
















































